INFOBAE - CARLOS EDUARDO MARTINEZ
La salida del poder del ex dictador abrió una etapa de reordenamiento político, apertura económica y redefinición de alianzas internacionales, mientras persisten la crisis social y la fragilidad institucional.
La madrugada del 3 de enero de 2026, una operación militar coordinada por Estados Unidos sacudió el centro de Caracas y desencadenó el mayor cambio político en Venezuela en más de dos décadas. La captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, ejecutada por fuerzas especiales estadounidenses, marcó el fin abrupto de su gobierno y el inicio de una transición bajo presión internacional. La misión, denominada Operación Determinación Absoluta, dejó un saldo de al menos 47 militares venezolanos y 32 agentes cubanos muertos, y trasladó a Maduro a Nueva York, donde permanece bajo custodia en un centro federal de máxima seguridad, enfrentando cargos de narcoterrorismo y conspiración.
El nuevo poder tutelado
El vacío de poder fue ocupado inmediatamente por Delcy Rodríguez, quien asumió la presidencia interina en un contexto de máxima tensión. Su administración conservó la mayor parte de la estructura chavista, incluyendo mandos civiles, militares y judiciales, pero debió operar bajo la supervisión constante de Washington. Desde el inicio, la gestión de Rodríguez quedó sujeta a una agenda de control internacional y exigencias públicas para garantizar la apertura democrática, la liberación de presos políticos y la reforma de sectores estratégicos.
La transición no supuso el colapso de las instituciones heredadas del chavismo, pero sí una transformación forzada y acelerada de las reglas del poder. La presión directa de la Casa Blanca, encabezada por Donald Trump y el Secretario de Estado Marco Rubio, obligó a Rodríguez a implementar una serie de concesiones progresivas. Muchas de estas decisiones contradicen no solo los discursos oficiales que dominaron la vida política venezolana durante los últimos veinticinco años, sino también principios fundamentales establecidos por Hugo Chávez, marcando una ruptura inédita en la narrativa y la praxis del régimen.
Liberación de presos políticos
En América Latina, Argentina ha reconocido la “fase de transición” y ha supeditado la reactivación de tratados diplomáticos a la liberación del gendarme Nahuel Gallo, secuestrado por las fuerzas de la dictadura chavista en diciembre de 2024 cuando intentaba ingresar al país a visitar a su esposa venezolana. Brasil y Colombia han iniciado diálogos pragmáticos para gestionar la seguridad fronteriza y el eventual retorno de migrantes, aceptando el nuevo escenario de influencia estadounidense.
El conflicto por el Esequibo con Guyana ha quedado en suspenso, favorecido por la presencia de petroleras estadounidenses en ambos territorios. China, por su parte, ha optado por el pragmatismo económico, reconociendo al gobierno provisional a cambio de garantías sobre el pago de la deuda energética, mientras Rusia mantiene un silencio tenso ante la pérdida de su aliado estratégico en la región.
En la cotidianidad venezolana, la población oscila entre una esperanza cautelosa y un persistente escepticismo ante la transición. Muchos ciudadanos perciben la caída de Maduro como un hito relevante, aunque insuficiente para resolver los problemas estructurales que afectan al país desde hace años. Predomina la exigencia de una renovación profunda del liderazgo político y la inquietud ante la posibilidad de que prácticas de corrupción y desatención a los servicios públicos se mantengan pese al cambio de figuras en el poder. La expectativa de transformaciones reales en áreas críticas como la salud, la economía y la seguridad convive con la preocupación de que los nuevos anuncios oficiales tarden en traducirse en mejoras tangibles para la vida diaria.
Un mes después de la intervención militar, Venezuela está inmersa en una transición tutelada, caracterizada por la reconfiguración forzada de sus instituciones, la persistencia de prácticas opacas en derechos humanos y la administración de la salida chavista bajo el control de potencias extranjeras. Las mejoras prometidas aún no llegan a la vida diaria, mientras la sociedad observa con cautela los primeros pasos de un proceso que podría redefinir el futuro del país.


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