El régimen de Delcy Rodríguez hace desaparecer a Zapatero tras su imputación

 ABC - Jorge Benezra

El hombre al que hace dos meses recibieron como «el campeón de la paz» ha dejado de existir en el vocabulario oficial del chavismo.

El Gobierno venezolano no ha emitido una sola palabra sobre la imputación del expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero. La prensa independiente, la oposición y hasta una voz del chavismo rompen un mutismo que los analistas leen como cooperación encubierta con Estados Unidos. En Caracas nadie ha pronunciado el nombre del socialista desde que la Audiencia Nacional española lo imputó por organización criminal y blanqueo de capitales. Ni Delcy Rodríguez ni Jorge Rodríguez ni Diosdado Cabello en las casi cuatro horas de su programa televisivo del miércoles. El hombre al que hace dos meses recibieron como «el campeón de la paz» ha dejado de existir en el vocabulario oficial del chavismo.

La única referencia del ecosistema mediático estatal es un análisis de opinión emitido por TeleSUR, la cadena multiestatal con sede en Caracas financiada por varios Gobiernos de la región, donde Juan Carlos Monedero presenta el caso como 'lawfare': persecución judicial por apoyar partidos progresistas. No hay cobertura informativa. Venezolana de Televisión (VTV), el canal insignia del Estado venezolano y principal instrumento de comunicación del Ejecutivo, mantiene silencio absoluto. Fuera de los canales oficiales, sin embargo, la prensa independiente ha dedicado portadas e investigaciones al escándalo, como extensión del mismo saqueo que vació al país.

La periodista Celina Carquez, veterana de la fuente política en Caracas, tiene la lectura más precisa sobre ese mutismo. En 27 años de chavismo no conoce un solo caso de un aliado internacional abandonado. Y no cree que este sea la excepción. «Nadie ha dicho nada, ni Delcy, ni Jorge, ni Diosdado, porque la presión es inmensa», afirma. Mientras el escándalo crecía en España, la Embajada estadounidense en Caracas contradijo públicamente al Gobierno al calificar como ejercicios militares lo que el oficialismo presentaba como simulacro civil. Emitir un comunicado en defensa de Zapatero se vería como una intromisión en un proceso judicial extranjero. Y si la Audiencia Nacional les solicita cooperación, concluye Carquez, «Venezuela la enviará».

La cronología habla por sí sola. El 16 de mayo Venezuela deporta a Alex Saab. Tres días después, la Audiencia Nacional imputa a Zapatero. Saab conocía cada ruta, cada cuenta, cada intermediario. Quien observa la secuencia desde Washington entiende que Caracas lleva meses canjeando fichas con la administración Trump: entrega información, entrega personas, entrega silencios. A cambio, Delcy Rodríguez sigue gobernando sin que ningún fiscal estadounidense toque su puerta. En ese tablero, Zapatero no es una víctima: es una concesión.

El politólogo y académico Ricardo Sucre Heredia desmonta la narrativa del mediador. «No fue un mediador propiamente. Fue un canal de comunicación, una suerte de correo de lujo que tenía el Gobierno para transmitir sus intereses en un momento de sanciones». Las liberaciones de presos fueron genuinas, pero nunca parte de una negociación orgánica. Y esa ausencia de contrapesos abrió la puerta a los negocios. «La oposición abandonó todos los espacios políticos. El terreno quedó vacío. Zapatero vio que no había dolientes y dijo: «Bueno, yo me aprovecho»». El Gobierno lo permitió, como permitió a Saab, porque ambos eran útiles.

Sucre Heredia rechaza que el silencio sea abandono. «El chavismo no abandona a sus aliados internacionales. Abandona a quien considera una amenaza interna». Lo que observa es prudencia calculada: «Está en 'wait and see'».

Juan Barreto, exalcalde metropolitano de Caracas, es la única voz del chavismo que ha pedido que el Estado investigue

Desde la oposición, las reacciones han sido directas. El partido Primero Justicia publicó el 28 de mayo en sus redes sociales un video de Juan Pablo Guanipa del 6 de noviembre de 2018, cuando el entonces diputado exponía ante la Asamblea Nacional la misión real de Zapatero: «Los justicieros siempre hemos tenido claro quién es Rodríguez Zapatero, y desde hace años lo hemos denunciado. Venezuela toda merece justicia. Nunca más». Perkins Rocha, abogado de María Corina Machado y preso político bajo arresto domiciliario, no necesitó muchas palabras. El 28 de mayo publicó en su cuenta de X una vieja fotografía de Zapatero rodeado de dirigentes opositores venezolanos, todos sonrientes, y escribió apenas dos palabras: «Amistades peligrosas». La ironía es devastadora: los mismos que posaban con él ahora no quieren ser su amigo. A veces una fotografía dice más que un sumario judicial.

Pero la voz más inesperada llega desde dentro del propio chavismo. Juan Barreto, exalcalde metropolitano de Caracas y figura histórica del movimiento, publicó el 25 de mayo en sus redes sociales: «¿Y será que la AN abre un debate y ordena una investigación? ¿Interpela y destituye ministros? Siempre desde el Gobierno se dice: caiga quien caiga». Es el único dirigente chavista que ha roto el silencio para exigir que el Estado investigue.

Desde Washington, el expreso político Leocenis García ofreció en un programa difundido por redes sociales el contrapunto que impide reducir a Zapatero a una sola dimensión: «Nos sacó de prisión a Yon Goicoechea, a Enrique Márquez, al general Rodríguez Torres y a mí. Si no hubiera sido por él, seguiríamos en las mazmorras».

El hombre de Zapatero

Carquez aporta un último dato que complica aún más la lectura del caso. Esta semana la Asamblea Nacional aprobó por unanimidad el nombramiento de Timoteo Zambrano como embajador de Venezuela ante España. Zambrano no es un diplomático de carrera: es un político opositor que durante años fue el principal interlocutor de Zapatero en Caracas, su enlace directo con el mundo político venezolano y su amigo personal. «Timoteo fue escogido mucho antes del escándalo. Cambiarlo habría dado lugar a especulaciones», explica Carquez. Pero descarta que su misión sea gestionar la crisis: «No creo que vaya a resolver algo con relación al escándalo». La llegada a Madrid del hombre de Zapatero, justo cuando su mentor está imputado, resume mejor que cualquier comunicado diplomático el estado de una relación que ya no tiene nombre.

Lo que este silencio deja al descubierto es un patrón. Venezuela no defendió a Irán cuando arreciaron las sanciones. Bajó el tono con Cuba. Entregó a Alex Saab. Cada aliado se vuelve prescindible cuando la supervivencia está en juego. Zapatero, el correo de lujo que durante una década cruzó el Atlántico con mensajes del chavismo, descubre ahora que en Caracas la lealtad tiene fecha de vencimiento.

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