EL PAIS - Iker Seisdedos / Abel Fernández
El supuesto testaferro de Maduro llegó a Estados Unidos durante el fin de semana, después de que el Gobierno de Delcy Rodríguez lo entregara.
Alex Saab, presunto testaferro del expresidente de Venezuela, Nicolás Maduro, compareció este lunes ante un tribunal federal en Miami para escuchar el delito del que se le acusa: sobornar a altos funcionarios para lucrarse con lucrativos contratos gubernamentales.
Saab compareció por primera vez ante el tribunal tras haber sido “deportado” −a todos los efectos, extraditado− el fin de semana por la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, como parte de una purga de empresarios vinculados al régimen que, sospechan las autoridades, se enriquecieron mediante tratos corruptos con Maduro.
Lo hizo esposado. Vestía un uniforme penitenciario, Saab respondió “Sí, señora” —en inglés— tras ser informado de que se le imputaba un único cargo de lavado de dinero, vinculado a una trama de sobornos de la que no se dieron más detalles. La acusación formal fue revelada durante la audiencia, aunque aún no han trascendido los documentos que la sustentan. La encargada del caso es la jueza federal del Distrito Sur de Florida Marty Fulgueira Elfenbein.
La última vez, antes del sábado pasado, en la que Saab pisó suelo estadounidense fue poco antes de la Navidad de 2023. Entonces, en una operación de alto calado diplomático que puso fin a un culebrón judicial de varios años, el Gobierno estadounidense liberó al empresario colombo-venezolano, que estaba preso en una cárcel de Florida por su papel como presunto testaferro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.
A su llegada a Venezuela, Saab y Maduro, hoy preso en una celda de Nueva York, a la espera de ser juzgado junto a su esposa, Cilia Flores, comparecieron en Caracas con la plana mayor del chavismo en un triunfante un acto retransmitido por televisión. “Estoy orgulloso de servir a este Gobierno” declaró Saab, al que le dieron la bienvenida que se reserva a los héroes de la patria.
Su salida, el fin de semana pasado, de Venezuela fue ciertamente menos honrosa. Este lunes, el ministro del Interior, Diosdado Cabello, declaró que Saab no tenía la nacionalidad venezolana y que los documentos de identidad con los que operaba en el país son ilegales, de ahí, añadió, la deportación al último país en el que estuvo antes de Venezuela: Estados Unidos. Cabello sostuvo que la cédula con la que se manejaba el empresario carecía de validez para el Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (Saime).
La liberación de 2023 formó parte de un acuerdo por el que Washington logró a cambio el regreso de 10 estadounidenses presos en el país latinoamericano (seis de ellos “detenidos injustamente”, según la Casa Blanca) y la extradición de un criminal conocido con el alias de Fat Leonard, así como la liberación de 21 prisioneros políticos venezolanos, entre los cuales se cuenta Roberto Abdul, organizador de las primarias opositoras. En el pacto también se incluye la revocación de tres órdenes de arresto contra opositores del régimen de Maduro.
La pieza de mayor relieve cobrada por Washington fue entonces la de Fat Leonard. Lo buscaban las autoridades por varios delitos de soborno en los que estuvo implicado la Armada estadounidense, como parte del caso de corrupción más sonado de su historia.
Antes de convertirse en ministro de Maduro, Saab no era sino empresario común que encontró en la Venezuela de Chávez y en la de su heredero el escenario perfecto para medrar hasta acabar como el engranaje financiero más discreto y poderoso del chavismo. Su imperio en la sombra, que sobrevivió incluso a una temporada en la cárcel en Estados Unidos, se desmoronó poco después de que el expresidente venezolano fuese capturado el pasado 3 de enero por soldados estadounidenses. En febrero, fue detenido por lo que queda del chavismo, hoy a las órdenes de Trump.


0 Comentarios