20MINUTOS - AMAYA LARRAÑETA
Neomar Alejandro tenía 17 años cuando fue abatido en Caracas por una bomba de gas lacrimógeno que le abrió una herida mortal en el pecho en 2017.
Con 17 años, Neomar Alejandro Lander era en 2017 un joven muy activo en las multitudinarias manifestaciones contra la pobreza y la falta de futuro en Venezuela, protestas que fueron durísimamente reprimidas por las fuerzas de seguridad de Nicolás Maduro y que costaron la vida a más de un centenar de personas, según datos de la propia fiscal del Estado.
Días antes de morir por el impacto en el pecho de una bomba de gas lacrimógeno en el transcurso de una manifestación, a Neomar le grabaron un vídeo defendiendo su activismo. En él explica que lucha por un cambio en su país ante un porvenir que le empujaba a emigrar. Dice que desea quedarse en Venezuela y defiende orgulloso su presencia en las calles: "La lucha de pocos vale por el futuro de muchos", se le escucha decir.
Ocho años después de su muerte, este miércoles su madre, Zugeimar Armas —que ahora reside en España con su marido y dos hijos menores— ha comparecido en Madrid con familiares de otros jóvenes asesinados en las protestas de 2017 para exigir que la Corte Penal Internacional deje de dilatar los plazos de la investigación de los crímenes de lesa humanidad en Venezuela. La causa fue presentada en febrero de 2018 en La Haya, y ahora lo que piden se acelere la emisión de orden de captura de Nicolás Maduro para que las muertes de sus hijos no queden impunes.
Antes de comenzar a hablar ante los medios de comunicación, Zugeimar, con la foto de su hijo estampada en la camiseta, ha permitido la emisión del devastador vídeo viral en el que se muestra a su hijo caer fulminado. "Es muy muy duro tener que escucharlo" —su hija, Paula, de hecho, ha tenido que salir de la sala llorando— "pero lo publicaría una y otra vez porque han pasado ocho años y siete meses y no se ha hecho Justicia".
Zugeimar ha defendido la idea, compartida con el resto de las familias de víctimas y sus abogados, de que en 2017 había un plan predeterminado para autorizar ejecuciones extrajudiciales ante las protestas. Consideran como prueba que tantos jóvenes murieran desarmados, abatidos por impactos en la cabeza, cuello o pecho. "La responsabilidad de la muerte de mi hijo es del Gobierno y tienen que pagar", ha defendido esta madre.
De su hijo ha explicado que Neomar nació en 1999, el año que Nicolás Maduro llegó a la presidencia de Venezuela, como otros jóvenes, "deseaba una Venezuela libre, democrática, donde hubiera un futuro, una Venezuela que nunca vivió".
Agregó que era " un niño con valores, educado, que le gustaban mucho los deportes, carismático". Se acababa de graduar en un curso de 'bartender' e iba a salir de Venezuela para labrarse un futuro, una decisión que, aunque ya había tomado, no le convencía.
El día que murió Neomar, el miércoles 7 de junio de 2017, Zugeimar participaba de la misma marcha, pero ella iba bastante más rezagada. "Estuve en la protesta y no pude hacer nada", ha relatado. Fue un familiar que iba con ella el que recibió la noticia de lo ocurrido en una llamada telefónica. "Le pedí a un motorizado que me llevara a donde iban los heridos, y me dijo para qué. Le dije necesito ver a mi hijo, me han dicho que recibió un tiro en el pecho. Me preguntó cómo iba vestido, si de blanco y si era flaco y bajito, al contestarle que sí, me dijo que me llevaba a la clínica Ávila donde lo habían llevado".
"No sé cómo es vivir en guerra, pero en ese momento allí todo era humo, gente pegando gritos, salían disparos de los ministerios hacia la gente", ha recordado entre lágrimas. Una médico fue quien le dio a Zugeimar la peor de las noticias que puede recibir una madre. "Lo siento, pero vino sin signos vitales", le dijo.
Zugeimar recuerda que cayó al suelo devastada y que supo entonces que había un vídeo del impacto de la bomba lacrimógena en el pecho de su hijo que se había hecho viral en redes sociales. De hecho, el padre del menor se enteró por Twitter de lo ocurrido, cuando salía del trabajo.
En la clínica, ella pidió reconocer el cuerpo de su hijo y, aunque al celador le dieron la orden de que solo le mostrara la cara, bajó la manta del todo y recuerda que vio que la herida era "un hueco en su pecho". Había mucha sangre por todos lados. "Le abracé y le besé en la frente", ha contado entre lágrimas, con la mano posada sobre el casco que llevaba su hijo durante las protestas, con la palabra resistencia escrita negro sobre blanco.
"En ese momento me dije que, si mi hijo murió por un país, yo iba a luchar por justicia", ha destacado. Tras la caída en enero de Nicolás Maduro, capturado por EEUU, Zugeimar reflexiona con tristeza que "nada ni nadie" puede devolverle a su hijo. Dice que al menos los presos van a salir y sus familiares les van a abrazar, "pero de nosotros depende que se haga justicia y que la memoria de nuestros hijos no se borre de la mente de cada venezolano".
Ella confía en que la Corte Penal Internacional actúe cuanto antes, y este miércoles se lo pide "por favor". Para la familia, procesar a los responsables de estos crímenes será, describe, "una satisfacción en una vida que ya solo consiste en aprender a vivir con este dolor".


0 Comentarios