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EEUU imita en Venezuela la estrategia de la Transición: así influyó en una democracia que contó con hombres del franquismo

20MINUTOS - A.T.

Trump ha aceptado como interlocutora a Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela y hasta ahora número dos de Maduro

Venezuela se debate estos días entre la esperanza y el escepticismo mientras suspira por que se abra ante sus ojos el único camino posible, aunque tortuoso, para un futuro en paz: aquel que lleva a la democracia.

Con Nicolás Maduro (capturado este sábado por EEUU tras bombardear el país) fuera de la ecuación no se acaba el chavismo. Por eso, aunque en un primer momento sí lo hiciera, en el fondo no extraña tanto que el presidente Donald Trump haya aceptado como interlocutor principal a una de las grandes figuras del régimen, la ya presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, segunda de a bordo de Nicolás Maduro, o que tampoco haya actuado, al menos de momento, contra el ministro del Interior, el militar Diosdado Cabello.

El chavismo es estructural en todas las instancias de poder de Venezuela, por lo que parece prácticamente imposible impulsar una ruptura total con él sin que se desencadene un conflicto civil. Es la idea que han deslizado incluso desde la oposición venezolana, concretamente la exembajadora de Venezuela en Bélgica María Ponte, afincada en Valencia. "Se debe generar un puente entre la criminalidad y la delincuencia, entre quienes tienen el poder actualmente en Venezuela y un gobierno democrático, algo que no puede conseguirse de un día para otro", ha expresado en declaraciones a Levante. 

De esta manera, Ponte insiste en que Trump ve a Rodríguez como alguien capaz de "estabilizar la situación dentro, tanto con los grupos armados generados por el chavismo, como con los militares que integran el narcotráfico". Incluso se atreve a establecer un paralelismo con lo que ocurrió durante la Transición española, impulsada por reformistas y aperturistas del régimen de Francisco Franco

"Es lo que ocurrió en España tras la muerte del dictador, que se generó un puente hacia la democracia y no una ruptura total porque el Ejército seguía teniendo un poder destacable", ahonda. 

¿Similitudes entre el caso venezolano y el español?

Trump podrá ser acusado de muchas cosas, pero no de actuar de manera sibilina ni de protagonizar teorías de la conspiración. El presidente estadounidense no ha podido ser más claro estos días: quiere que las empresas estadounidenses se aprovechen del petróleo y los recursos naturales venezolanos y, sí, también ha declarado que desea un proceso de democratización en el país, aunque controlado por él.

Las diferencias son evidentes, principalmente porque no se conocen reformistas en el chavismo, pero la acción norteamericana, nación omnipresente, ha resucitado la teoría de la mano oculta tras parte de la Transición española y ha llevado a algunos a comparar el papel que representa Delcy Rodríguez con el que representaron actores originarios del régimen.

La democracia española es el resultado de un trabajo colectivo durante la Transición, pero el edificio no podría haberse construido sin los cimientos que asentaron nombres propios que, hasta la muerte de Franco, le demostraban lealtad. Sin ir más lejos, tres de las cuatro figuras clave del proceso desempeñaron relevantes cargos en el régimen. 

Torcuato Fernández-Miranda fue vicepresidente del Gobierno durante el corto mandato de Luis Carrero Blanco; Adolfo Suárez, ministro secretario general del Movimiento en el Gobierno de Carlos Arias Navarro; y Manuel Gutiérrez Mellado, nada menos que comandante general en un Ejército que se deshacía en honores hacia el Generalísimo. Todo ello sin mencionar, claro está, al rey Juan Carlos I, tutelado por el propio Franco, y, en otra escala, a Manuel Fraga, que, si bien no desempeñó ningún cargo en el Gobierno central durante la Transición, fue ministro de Información y Turismo en la dictadura.

La influencia de EEUU

Que el proceso democrático en España se dirigió desde Estados Unidos se ha dicho mucho y se ha demostrado nada. En los años 70 al país americano parecía convenirle un cambio de régimen ante un Franco cada vez más envejecido y reacio con los excesos que a su parecer cometía en las bases militares de la Península. 

Tal y como cuenta el historiador Francisco Martínez Hoyos en un artículo publicado en La Vanguardia, al dictador español no le hizo gracia que EEUU las utilizase durante la guerra del Yom Kippur para abastecer a Israel sin consultarle, por lo que cuando el entonces secretario de Estado, Henry Kissinger, visitó Madrid el 19 de diciembre de 1973 la situación "era tensa". 

"En esos momentos, él y sus colaboradores estudiaban la forma de presionar a los españoles para que atenuaran sus resistencias. Washington pensaba, por ejemplo, en apoyar la descolonización del Sahara o en ponerse del lado de los británicos, abandonando su tradicional neutralidad, respecto al contencioso por Gibraltar", escribe Martínez Hoyos.

Kissinger informó a Washington de que la reunión con Franco no había dado resultados, pero se mostró satisfecho con la mantenida con el entonces príncipe Juan Carlos, a quien calificó de "bastante proamericano". Por tanto, parecía ser muy importante para los intereses estadounidenses que el futuro monarca asumiese cuanto antes la jefatura del Estado español. 

El 20 de diciembre de 1973, un día después de que Kissinger también se reuniese con él, ETA asesinaba al presidente Luis Carrero Blanco muy cerca de la Embajada de Estados Unidos en Madrid. La teoría de la conspiración dijo entonces que, si no hizo, EEUU al menos dejó hacer con quien estaba considerado un hombre fuerte del franquismo, contrario a cualquier mínimo cambio en el sistema español. Tal extremo, claro está, no se ha demostrado, y puede caerse por su propio peso cuando su sustituto, Carlos Arias Navarro, no fue precisamente un reformista y el propio Carrero Blanco era un anticomunista recalcitrante en un momento en el que a EEUU le convenían los anticomunistas recalcitrantes.

Kissinger, eso sí, presumió años después del papel que su país jugó para garantizar la democracia en España: "La contribución norteamericana a la evolución española durante los años setenta constituyó uno de los principales logros de nuestra política exterior", declaró. Lo cierto es que a EEUU le interesaba un cambio en España, pero no una ruptura radical con el pasado, ya que podía ir en contra de sus intereses, que vio satisfechos cuando nuestro país entró en la OTAN en 1982 y fortaleció en bloque occidental en las postrimetrías de la Guerra Fría.

En su libro Del autoritarismo a la democracia, Charles Powell, uno de los grandes expertos en las relaciones entre EEUU y España, escribe: "En la práctica, la apuesta kissingeriana por el futuro posfranquista se cifró casi exclusivamente en el apoyo prestado a la figura de D. Juan Carlos, inversión que resultaría extraordinariamente rentable (...) Más grave aún fue su postura acomodaticia ante la escasa ambición reformista del segundo gobierno de Arias Navarro, que podía haber provocado un estallido que hubiese puesto en peligro a la propia monarquía". 

Las notorias diferencias de los casos venezolano y español solo parecen converger, con todo, en un punto en común: que rara vez Estados Unidos estrecha otra mano que no sea la de la conveniencia. 

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