DPA
Un 21 % de adultos alemanes afirmó no beber alcohol en una reciente encuesta efectuada por el Instituto Robert Koch (RKI), lo que hace plantearse si, como sociedad, Alemania, sigue las recomendaciones científicas.
"El consumo per cápita está disminuyendo, y lo ha estado haciendo desde hace algún tiempo", declaró a la agencia de noticias dpa la investigadora en adicciones Carolin Kilian, del Centro de Investigación Interdisciplinaria sobre Adicciones (ZIS) del Centro Médico Universitario de Hamburgo-Eppendorf.
El año pasado se produjeron 579 millones de litros de cerveza sin alcohol, casi el doble que hace diez años. Según datos de la Asociación Alemana de Cerveceros, la cuota de mercado asciende ahora al 9 %.
En Berlín y otras metrópolis alemanas se pueden degustar sofisticados cócteles sin alcohol en bares de diseño, y también se puede observar en las estadísticas oficiales del anuario "Sucht" (Adicción): en comparación con la década de 1990, hoy en día se bebe menos.
"Sin embargo, todavía se encuentra en un nivel muy alto. Incluso en comparación con otros países europeos, se trata de una disminución muy pequeña", puntualizó Kilian.
Las cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) lo confirman: la población alemana mayor de 15 años sigue consumiendo 10,6 litros de alcohol puro por persona, lo que supera claramente la media de los países de la OCDE (8,5 litros).
Además, el ligero descenso en Alemania no es igual en todos los grupos: "Son sobre todo los hombres los que beben menos que antes, pero no necesariamente las mujeres", afirmó Kilian. Entre ellas, aseguró, el consumo excesivo de alcohol incluso ha aumentado.
Los roles de género han cambiado: "Ya no está tan arraigada la idea de que los hombres beben mucho. Y ya no está tan estigmatizado que las mujeres beban". Además, cada vez hay más publicidad específica para cada género en la que las mujeres celebran sus éxitos o amistades con alcohol, subrayó.
Disminución significativa entre los jóvenes
Según el Centro Federal de Educación para la Salud, el consumo excesivo de alcohol entre los jóvenes de 12 a 25 años volvió a aumentar en 2023 hasta alcanzar los niveles de antes de la pandemia de coronavirus.
Sin embargo, el consumo general de alcohol en este grupo de edad es significativamente menor que hace 20 años. En la encuesta, alrededor del 7 % de las chicas y poco más del 12 % de los chicos de 12 a 17 años declararon beber alcohol al menos una vez a la semana. En comparación con 2004, estas cifras se han reducido a más de la mitad.
"Beber alcohol ya no es tan popular como hace unos años", destacó Kilian. Existe una tendencia hacia una mayor concienciación sobre la salud y un creciente grupo de abstemios, agregó. Es probable que las redes sociales también influyan: "Internet nunca olvida. Ni siquiera la última vez que alguien tuvo una borrachera".
¿Cuándo se convierte el cambio en un cambio cultural?
"Creo que lo que estamos viendo entre los jóvenes es un cambio cultural, pero este cambio cultural es extremadamente inestable", planteó Kilian. Ese es precisamente el problema cuando el cambio está influenciado únicamente por la cultura y no por un marco legal, agregó. Con el tabaco, por ejemplo, estamos viendo un nuevo aumento del consumo, alertó. "Esto es muy volátil y requiere un cambio estructural más sustancial".
Peter Raiser, del Centro Alemán para Problemas de Adicción, considera clave un cambio cultural: si se extiende la convicción de que una mayor concienciación sobre la salud debería formar parte de nuestra cultura, esto también allanará el camino para la acción política.
"Hasta ahora, esto ha fracasado porque tenemos una cultura que favorece y promueve el consumo de alcohol", se lamentó.
Para Raiser, está claro que los políticos deben hacer más: se necesita tanto información como prevención estructural, es decir, medidas para limitar la disponibilidad o la publicidad, o para aumentar el precio mediante impuestos. "En Alemania hay mucho margen de mejora", subrayó.
Alemania no va por buen camino
Kilian añadió que otros países, como los del Báltico, están mucho más avanzados. Lituania ha aplicado sistemáticamente las recomendaciones de la OMS y ha introducido un impuesto sobre el alcohol, ha restringido la disponibilidad del alcohol y su publicidad, y ha logrado así un éxito notable.
Alemania, por el contrario, corre el riesgo de no alcanzar sus objetivos: en 2013, como Estado miembro de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se comprometió a reducir el consumo de alcohol en la República Federal en un 10 %.
Los autores del anuario "Sucht" afirman que, dado que el consumo total de alcohol per cápita solo ha disminuido un 8 % entre 2013 y 2023, no se puede suponer que se vaya a alcanzar el objetivo.


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